¡ ATAQUE A TEMPLOS SAGRADOS EN MÉXICO !
Crece de un 12 a un 15 por ciento, el sacrilegio deliberado a recintos sagrados en las distintas Provincias Eclesiales de la república mexicana, de 1993 a la fecha.
Diversas son las causas de profanación: Una principal proviene de grupos identificados con el crimen organizado, que realizan actividades propias de terroristas, y en consecuencia, manifiestan un sectarismo demoniaco hacia la fe católica.
Lo anterior se traduce en furia directa contra sacerdotes, religiosos y fieles, al interior de los templos sagrados. Y ocasionan daños directos a inmuebles, considerados patrimonio cultural.
Asimismo, ha proliferado el robo de las especies eucarísticas, y arte sacro.
Por mencionar un ejemplo, el caso más reciente, lo tenemos en San Luis Potosí, ocurrido el 14 de agosto de 2026.
Se trata del grave e infame delito de sacrilegio, al ser robadas del Sagrario, las Especies Eucarísticas de la Capilla, de Valle Umbroso, dependiente de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en la zona de Mexquitil de Carmona, San Luis Potosí, México.
Ante este delito grave, Monseñor Jorge Alberto Cavazos Arispe, Arzobispo de San Luis Potosí, publicó un Decreto de Excomunión -Ipso Facto-, a los que resulten autores del lamentable robo.
Del mismo modo, el Arzobispo de San Luis Potosí, exhorto para realizar actos de desagravio y expiación, para pedir por la conversión de los responsables, y como reparación a la ofensa cometida a la presencia real de nuestro señor Jesucristo.
Y si eso no fuera suficiente, tenemos otro caso, grave ocurrido el 9 de agosto de 2026, en la parroquia de Fátima, en los Mochis, Sinaloa, México.
Tras un fuerte enfrentamiento entre fuerzas federales y delincuentes, justo, cuando se celebraba la Santa Misa.
El sacerdote Joel Valdez Villegas, decidió suspender la homilía, y pidió cerrar las puertas, no salir y mantener la calma, mientras se controlaba la situación.
Está es la verdadera situación que se vive, en las zonas calientes. No cesa la violencia.
Los sacerdotes y la feligresía quedan en medio del fuego graneado. Quién los protege ?.
La inseguridad y la lluvia de balas, por doquier, son el pan de cada día.
La paz ausente, y todo por mantener el control de las plazas, y el libre tránsito a delinquir, por parte de los delincuentes.
Para nadie es un secreto que la violencia y quiénes la promueven, no distinguen credo, ni religión.
Por ello, es que tenemos noticias lamentables; toda vez que continua la quema de iglesias y capillas, tan sólo, porque los religiosos no pagan el derecho de piso, y la supuesta " protección " de los delincuentes.
Las cuotas de extorsión van de los diez mil pesos a cincuenta mil, respectivamente, en las zonas roja, dónde reina el crimen organizado, destacando los estados de Michoacán, Guerrero, Guadalajara, Sinaloa, Veracruz, Tamaulipas, estado de México, y ciudad de México.
Lo más grave, en algunos casos, es que la violencia afecta de modo colateral, y atenta directamente contra sacerdotes.
Ya ni es su casa y/o residencia parroquial, es seguro.para los religiosos.
El caso más reciente, fué el perpetrado la tarde del viernes 21 de. Agosto de 2026, cuando Monseñor Eduardo Ackeman, Obispo Emérito de Tijuana, del estado de Baja California, fué objeto de un robo a mano armada en su domicilio de descanso.
O
El obispo retirado de 86 años, logró dar parte a las autoridades, y ayudo para identificar y capturar a su agresor, que responde al nombre de Orlen Moisés "N".
La fiscalía del estado de Baja California, continuará con las investigaciones, para aclarar el caso, reportó la Diócesis de Tijuana, México.
Otro caso lamentable, fué el que se perpetro la noche del viernes 3 de julio de 2026, contra el sacerdote en retiro, el Padre Mario Nuñez Campusano, de 82 años, asesinado por arma blanca, en Guaymas, estado de Sonora, México.
Las investigaciones del homicidio contra el sacerdote Mario Nuñez, apuntan que el presunto responsable del crimen, responde al nombre de Julio Cesar "N", de 39 años, de oficio albañil y conocido del Padre asesinado.
Este caso sigue en proceso, toda vez que el presunto agresor, también, fué localizado sin vida, y con lesiones de arma blanca.
Por lo anterior, México ya encabeza el primer lugar en ataques violentos a sacerdotes y recintos sagrados en América Latina. Le sigue Colombia, Brasil, Guatemala, Venezuela, el Salvador y Argentina.
Reflexionando los datos recientes, indican que se trata de una tendencia que afecta anualmente a un 12 por ciento de los más de 11 mil templos sagrados que integran las 18 Provincias Eclesiales del país.
La información confirma que el fenómeno ha proliferado de manera alarmante en las últimas dos décadas.
Es decir, un aumento de alrededor de 600 %, en casi dos décadas.
Ahora bien, tras los ataques a Iglesias, se ha comprobado que destilan odio “especial” a la Madre de Dios -en sus diferentes advocaciones-; y sobre todo, al lugar donde se le rinde culto.
De ahí que siete de cada 10 recintos sagrados profanados, corresponde a Santuarios Marianos.
Por mencionar un ejemplo, la imagen más agraviada, por daño o por robo de arte, es la Santísima Virgen en su advocación de Santa María de Guadalupe.
Se ha constatado que "La Guadalupana" es “blanco de ataques” y agresiones violentas de los incrédulos; tan sólo porque es el sostén de amor materno del pueblo mexicano. Y porque se le tiene una veneración perenne de sus hijos; que ha decir de los delincuentes: “se le idolatra tanto”.
Una primera confirmación es que inician su “logística” de sacrilegio, cualquier día de la semana; no obstante, se inclinan más de domingo a miércoles, además, toman en cuenta tres horas después de terminar las actividades ordinarias del día.
Es decir, en promedio operan pasado de las 22:00 Horas, y según su acción pecaminosa, se prolonga hasta las dos primeras horas de la madrugada siguiente.
Es decir, en promedio operan pasado de las 22:00 Horas, y según su acción pecaminosa, se prolonga hasta las dos primeras horas de la madrugada siguiente.
De esto saben mucho los fieles, y gracias a su testimonio, se ha confirmado que los insolentes tienen como principal objetivo, generar pánico e incertidumbre en la conciencia de la grey católica.
Además, buscan reprimir a su jerarquía y a su sacerdocio, por sus constantes predicas que censuran injusticias y defienden la vida y la familia.
Por lo anterior, los agravios a recintos sagrados ya no son casos aislados.
Es ya un fenómeno que afecta en serie la unidad geográfica de la configuración Eclesiástica de México.
Tal es el caso de ocho Provincias Eclesiales de México, que viven en constante riesgo por el alto índice de inseguridad y por los actos de profanación con violencia perpetrados.
Destaca el daño colateral en contra de fieles, derivado del choque entre Ejército y efectivos policiales estatales contra grupos violentos del crimen organizado.
Destaca el daño colateral en contra de fieles, derivado del choque entre Ejército y efectivos policiales estatales contra grupos violentos del crimen organizado.
Por mencionar un ejemplo, se tiene registro de las Iglesias que se encuentran en el Valle de Juárez >>Praxedis G. Guerrero, Guadalupe y Ascensión<<, Frontera y centro de la Provincia de Chihuahua; Capital de Nuevo León, Tampico, Nuevo Laredo y Saltillo de la Provincia de Monterrey; Zona de Torreón y Gómez Palacios de la provincia de Durango.
También, los Mochis y el Centro de Culiacán de la Provincia de Hermosillo; Región Tierra Caliente de Guerrero, Puerto, Ciudad Altamirano y Chilpancingo de la Provincia de Acapulco; Zona de Apatzingán, Tacámbaro y Cd. Lázaro Cárdenas de la Provincia de Morelia; Región de Veracruz y San Andrés Tuxtla de la Provincia de Xalapa; Zona de Antequera, Mixes, Tehuantepec y Tuxtepec de la Provincia de Oaxaca.
Por otra parte, mención especial merecen los templos de siete Provincias Eclesiales, que están a merced de los insanos, toda vez que llevan a cabo persistentes irrupciones para cometer violaciones contra el Santísimo Sacramento, dañar Imágenes Sagradas, pintar paredes, romper mobiliario o para saquear lugares de culto.
Destaca la zona de Tehuacán y Tlaxcala de la Provincia de Puebla; Región de Tulancingo y Huejutla de la Provincia de Tulancingo, Hidalgo; Zona de Celaya, Irapuato y Querétaro, de la Provincia “Bajío” de León; región de los Altos de Jalisco, Sayula, Aguascalientes, Colima y Tepic, de la Provincia de Guadalajara; Zacatecas de la Provincia de San Luis Potosí, la zona de Texcoco y Teotihuacán de la Provincia de Tlalnepantla; Delegación Benito Juárez, Cuauhtémoc, Iztapalapa y Venustiano Carranza, de la Arquidiócesis Primada de México, en la Ciudad de México.
Aunque grupos aislados y sus corifeos lo nieguen.
El fenómeno de agravios a lugares de culto se impone, al grado que autoridades de los tres niveles de gobierno, no han podido controlar el problema para evitar los constantes sacrilegios.
Y la razón es muy clara: las averiguaciones quedan sólo en eso, y se ha seguido la política del avestruz -que ante los hechos esconde la cabeza bajo el ala para no verlo-.
Esto desde luego, es lamentable; y más aún, porque la exasperante situación alcanza dimensiones sectarias que afecta a presbíteros o religiosas que residen en los templos mencionados.
En casos confirmados, los delincuentes –al efectuar un sacrilegio-, muestran intolerancia que los lleva a cometer agravantes para intimidar a los religiosos.
Por un lado, solicitan dinero a cambio de dar supuesta protección a párrocos. Al mismo tiempo, la amenaza va desde la quema del recinto sagrado, el secuestro o hasta el riesgo de ejecutar al religioso si no paga la “cuota”.
En el caso de extorsión, cuando se trata de secuestro de religioso, puede llegar hasta los dos millones, según fuentes eclesiales.
Por otro lado, cuando se lleva a cabo un robo a templo, los insolentes se van con todo en represión de los presbíteros, manifiestan un sectarismo demoniaco que los vuelve ciegos, y en algunos casos, sus actos terminan en homicidios.
Aunque, 14 estados de la república se han convertido en constante zona de riesgo para el ministerio sacerdotal. Una aproximación reciente del fenómeno indica que son diez entidades las que representan una alta inseguridad, destacando: la Ciudad de México, Baja California, Guerrero, Jalisco, Sonora, Veracruz, Michoacán, Hidalgo, Aguascalientes y Coahuila.
Por lo anterior, grave es el fenómeno en cuestión; los efectos son de alto costo sin aparente solución; y más aún, porque, también, afecta directamente a la feligresía.
Definitivamente, es el sector más vulnerable. Y lo peor de todo es que en la mayoría de los casos son quienes pagan los platos rotos del salvajismo que emana de una agresión a lugar sagrado.
Una consecuencia principal es el trauma que afecta a su paz y culto.
El allanamiento y despojo a sus imágenes veneradas y respetadas deterioran gravemente su vida cristiana; además, se sienten inseguros y con impotencia de aplicar un castigo con severidad a los culpables.
Se puede añadir que luego de un agravio perpetrado, se acercan a su templo, y siguen sin entender el insólito sacrilegio.
En suma, simplemente, no hay palabras para describir el sentimiento de daño y su efecto colateral.
Las amenazas de muerte están a la orden del día; el fantasma de la zozobra ha invadido sus hogares, y lo mejor es salir en éxodo cuanto antes, para salvar la vida.
Hasta aquí los registros, y ante la gravedad nos preguntamos: ¿es posible esto en México?.
Sí, todo eso y algo más.
Lo vemos a través de los agravios a templos católicos, que deriva de ataques bien estudiados contra sacerdotes y fieles -perpetrados a la luz del día-; pero sobre todo, solapados por quienes deberían garantizar la seguridad pública.
Se ha constatado que en casos aislados, son ellos mismos -los grupos policiales y el Ejército-, quienes irrumpen violentamente los recintos sagrados, para buscar a supuestos cabecillas del crimen organizado.
¡Qué pena que policías y ejército!, en vez de conservar y resguardar el orden de los templos, se dediquen a crear pánico entre los fieles inermes e indefensos.
Por eso, hoy más que nunca, recordamos las palabras del obispo francés, monseñor Michel Dubost, en relación a la profanación de Iglesias:
“Si hay que gritar, gritaremos; después de todo, nosotros también somos ciudadanos”.
De ahí que mientras los abusos y actos de vandalismo o sacrilegio a templos sagrados continúen en el país, se deberá informar puntualmente a la opinión pública, para apremiar al gobierno mexicano, y a los poderes públicos involucrados.
Que cumplan con su trabajo y que se dediquen -en serio- a tratar de resolver el problema.
El resultado será que la familia podrá volver a tener un espacio vivo de reflexión con su credo.,
En suma, los templos sagrados de México, cualquiera que sea su denominación, tienen entre sus fines la predicación y vivencia de la moral.
Por ello, deben recibir seguridad para cumplir esta misión que tanto beneficia no sólo a las buenas costumbres, sino al orden social y tranquilidad publica.
Ademas, deben recibir facilidades para que al interior puedan convivir y encontrarse pacíficamente los mexicanos.
--------------
* Gustavo Antonio Rangel
* Gustavo Antonio Rangel
Es un periodista católico de la diócesis de Teotihuacán, México.
Es investigador y analista de sucesos alrededor de la iglesia católica de México.
Desde 2007 a 2018, ha sido coordinador de la Unidad de Investigación del Centro Católico Multimedial ( C.C.M.).
Ha ganado el premio nacional de periodismo católico 2008.
Ha sido profesor de lo talleres de Radio y Televisión de la universidad Salesiana de México.








No hay comentarios.:
Publicar un comentario